Huelga decir que no puede existir situación más abyecta en la cual la clase gobernante esté convencida que su actuación significará descubrir la pólvora. Ya está inventada.

Los que nos dedicamos, entre otras cosas, a ser espectadores y objeto de destino de las actuaciones gubernamentales, creíamos que con los gobiernos del señor Rodríguez Zapatero la voracidad a la hora de legislar y decretar normas había pasado a mejor vida, pues fue una época donde esa voracidad daba como consecuencia una verdadera inseguridad jurídica; entre otras razones, entiendo, que legislar con prisas conduce a leyes mal estructuradas y con peores consecuencias para la sociedad. Todo ello, como consecuencia por ese ansia, ese apresuramiento en legislar. No es baladí cuando se cumple la máxima de que las prisas son malas consejeras.

No se puede afrontar una mesa de diálogo, de cualquier naturaleza, sin que todas las partes implicadas en el objeto final de ese diálogo estén presentes y puedan expresar su enfoque y, en su caso, la aceptación de los temas tratados. Por ello, es de una extrema dureza entender que en un diálogo social y de futuro no estén presentes todos los agentes sociales.

No existe duda alguna que el crecimiento económico pasa por la imprescindible actuación de los empresarios. Guste o no, es una máxima que no tiene contradicción alguna, de tal forma que ese crecimiento de lugar a un aumento del empleo y a un aumento de la economía a través de un mayor consumo. Por lo tanto, dejar fuera de la concertación social a los empresarios para acometer la derogación de la reforma laboral vigente es una situación de extrema gravedad, teniendo en cuenta que existe una mesa de negociación sobre esta materia.

Pensar que la Reforma Laboral de Rajoy de 2012 fue de una perfección absoluta es cuando menos un pensamiento irreal, pero no es menos cierto que obedecía a una necesidad aconsejada por Bruselas y, sobre todo, más acorde a los procesos productivos actuales. No se debe olvidar que el Estatuto de los Trabajadores que data de 1980 es una norma trasnochada y que de ninguna manera responde a las situaciones económicas actuales y que lo que se ha venido haciendo hasta la fecha son remiendos y parches que no conducen a tener un Estatuto de los Trabajadores de acuerdo a las necesidades actuales.

Consecuentemente, y considerando la trascendencia que pueda tener esa negociación de cara a derogar la Reforma Laboral de 2012, no es de recibo dejar fuera de esa negociación a una de las partes con la misma trascendencia que tienen los sindicatos. La parte empresarial es un puntal básico de esa negociación porque les afecta de manera directa. Si le unimos que en la dicha negociación tiene ciertos tintes ideológicos, nos encontramos con una negociación que está muy lejos de los antiguos acuerdos sociales que en su tiempo permitieron obtener reformas con importancia en el sistema jurídico laboral. No nos puede caber ninguna duda que esta contrarreforma va a suponer una marcha atrás importante en la regulación laboral que de ninguna manera está en consonancia con la evolución de la economía y, sobre todo, con los procesos productivos actuales.

Como es una reforma y una negociación que va cambiando de un día para otro, se tienen noticias de algunas de las reformas que pueden tener una extrema importancia.

Por ejemplo, el registro de control horario que el Supremo anuló y que, recordemos, era obligatorio que todas las empresas llevasen un control de las jornadas de trabajo de todos los trabajadores. Es de necios esta obligatoriedad ya que es un contratiempo en ciertas actividades donde el trabajo se realiza de forma flexible de acuerdo y en consonancia a los nuevos procesos de producción y a la propia producción del trabajo que cada trabajador se impone, así como a ultraactividad del Convenio, de tal forma que el convenio sigue vigente aún cuando esté finalizado el periodo de vigencia.

Otro punto es la modificación de las condiciones para la suspensión de los contratos de trabajo por causas económicas o productivas.

No menos importante es la reforma de la figura de los subcontratistas, ampliando la responsabilidad del empresario principal, no ya por deudas salariales y de seguridad social, sino a compromisos por pensiones. Se amplía a a los trabajadores de la contrata el convenio de la empresa principal.

En definitiva, observamos cómo el espíritu de concordia, diálogo sostenido y flexibilización a la hora de llegar a acuerdos, renunciando a posturas propias en aras de una concertación que satisfacía a todas las partes tal y como se venía haciendo desde la Transición, pretende el equipo actual de gobierno hacerla volar por los aires, despreciando esos valores que tanta importancia y trascendencia tuvieron.

 

JOSÉ LUIS RULL SARMIENTO

CEO de Rull y Zalba Abogados